miércoles, 13 de mayo de 2009

SOBREPASANDO LA ROMPIENTE (EN UN DIA GRANDE)

Ese fue el momento en que me sentí por primera vez como un surfista de verdad. Más que cuando me puse de pies la primera vez, encaré las primeras caras de olas sin romper o con los primeros giros.

Después de más de media hora de hacer el pato, luchar contra la fuerte corriente y rebasar innumerables olas en aquella playa expuesta a la fuerza del océano ese día por fin llegué al otro lado. Allí todo era calma, sólo un puñado de los mejores surfistas en el agua esperaban pacientemente a la serie del día. Me daba la impresión de haber pasado por el purgatorio (surfístico) y haber alcanzado el nirvana o las puertas del cielo, tras la ferocidad de la rompiente se escondía un oasis, un mar en absoluta paz con un verde esmeralda que reflejaba la luz del sol en mil tonalidades y donde únicamente las olas más selectas alcanzaban romper.

Aquel día me sentí orgulloso y realizado como uno de esos adolescentes africanos cuando han sobrepasado el rito de transformación de niño a hombre tras pasar la prueba de fuego. Ya con muchas más sesiones de surf a los hombros pasar la rompiente es algo cotidiano pero en aquella tarde de invierno pasé de la fase de principiante a una nueva etapa en mi surfing.

1 comentario:

  1. Bonito momento. Y ciertamente, un paso muy importante.

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