Me pasó también la primera vez cuando me enteré de que mi madre le habían diagnosticado un melanoma maligno. Estuve una semana sin entrar al mar aún con buenas olas, hasta que finalmente me auto forcé a darme un baño porque había un mar de fondo excelente. A pesar de las olazas, me encontraba completamente a disgusto en el agua, no podía olvidarme de las malas noticias, tras menos de una hora en el agua decidí salirme.
Normalmente el surf me relaja y me hace olvidar los problemas, pero hay veces que el alma está tan alborotada que ni siquiera el mar puede calmarla. Como un maretón desfasado con olas enormes destrozando todo los que se pone delante, imposible de domar, solo cabe esperar que el temporal amaine con el tiempo y saber que el sol acabará despertando algún día para iluminar un mar ordenado y en calma.

Espero que ese mar glassy llegue pronto y pueda entrar de nuevo al agua con ganas renovadas de “correr” olas. Y de quedarme cerca del mar y todas las cosas buenas de la vida.
SF.