domingo, 18 de julio de 2010

ME CAGO EN LAS PINÁCEAS

O más bien debería decir no me cago en los pinos.



Ya saliendo de la furgoneta poniéndome el neopreno con los primeros rayos del sol, tras haber trasnochado con la familia, noté que algo se avecinaba, pero intenté ignorar lo inevitable. Magno error. Me pongo el traje e inicio el camino hacia el pico, que está a unos diez minutos del parking. A medio camino noto un retorcijón de tripas, actuo como si no existiese. Tres minutos después el sistema digestivo está en estado de DEFCON 2, tirando hacía 1 (estado de ataque grave e inminente) y yo mucho más lejos del parking. Soy evacuador mañanero pero normalmente no del alba sino algo más tardío (post-desayuno 9-10 am), pero esta vez el reloj corporal me ha traicionado vilmente.

Ando dos minutos más, ya con pausas para entrecruzar las piernas hasta llegar al pico, disimulando lo mejor que puedo pues aunque soy el primer surfer a pie de playa hay un pescador en la orilla mirándome raro. Las necesidades aprietan, no llevo kleenex ni rollo de papel, únicamente una tabla bajo el brazo, así que en esta situación crítica trazo un plan alternativo a la desesperada. Paro junto a una papelera en la playa, buscando el Marca o algún periódico del día anterior, nada, maldición. ¿Qué hago? Justo encima del pico hay unas dunas escarpadas y en lo alto abundante vegetación y árboles, plan B.

Subo las dunas sin separar mucho los muslos y con inspiraciones profundas (sólo me falta la epidural). Hago un parón de un minuto al alcanzar la cima, he llegado, ya he pasado lo peor, ahora podré aliviarme en plena naturaleza pienso. Cuando comienzo a caminar busco hojas amplias y frondosas, pero no encuentro más que hierba, zarzas y pinos, muchos pinos. Mecagoento lo que se menea. ¿Quién sería el HP que introdujo el monocultivo del Pinus silvestris y todos sus sucedáneos a la península? ¿Donde están esas especies autóctonas perennes de hojas generosas y suaves como el chopo, el plátano, arce o el álamo cuando uno los necesita? Puñeteros pinos, abetos y demás árboles de navidad con hojas que parecen agujas de coser!

Saltando a trompicones bajo las dunas y con sudores, saltitos, numerosas paradiñas, lágrimas y repitiendo el mantra "tú puedes, ya queda poco" alcanzo tras quince minutos interminables el baño público del parking. Salvado por los pelos, que no por los jodidos pinos y sus mil y un alfileres verdes!

Por lo menos al genial y excéntrico Derek Hynd se le ha ocurrido buscarle algún uso a las hojas de pino. Como se le va la olla al amigo! Menos mal que se dedicó al periodismo surfístico y no a la reparación de toques de tablas porque hubiese pasado muchas penurias.


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